Paraguay genera casi toda su electricidad con agua y aun así la pregunta por los reactores modulares pequeños (SMR) aparece cada vez más seguido en foros de planificación. Tiene motivos: la demanda crece y las sequías largas del Paraná están frescas en la memoria. Los dos gráficos de arriba adelantan la respuesta: el primero compara plazos hasta el primer ingreso y el segundo pone el tablero PESTEL de la región.
Los números y la recuperación del capital
Los SMR todavía no tienen historial comercial para planificar con sus cifras, pero el caso más avanzado de Occidente ya deja una lección cara. El proyecto NuScale/UAMPS en Estados Unidos parte de un precio objetivo de 58 dólares por MWh que para 2023 ya figura en 89, y eso con subsidios federales: sin ellos ronda los 119 (NuScale/UAMPS e IEEFA, 2023). La obra estimada pasa de 5.300 a 9.300 millones de dólares para 462 MW, unos 20 millones por MW, y desde noviembre de 2023 el proyecto está cancelado (NuScale/UAMPS, 2023). Como referencia, Lazard (2024) ubica la nuclear nueva entre 142 y 222 dólares por MWh, la solar a escala entre 29 y 92, y la solar con baterías entre 60 y 210.
La recuperación del capital es donde la cuenta se define. Un parque solar genera ingresos a los dos años; un SMR a los diez o más (los plazos típicos del primer gráfico), y en Paraguay hay que sumarle el marco regulatorio. Cada año de espera es capital parado que paga intereses sin producir un MWh, y a las tasas de financiamiento actuales esa diferencia de 5 veces o más en el plazo hasta el primer ingreso domina la cuenta: el mismo capital puesto hoy en solar con baterías, pequeñas centrales hidroeléctricas (PCH) o biomasa ya está trabajando antes de que el SMR consiga permiso de obra. Eso solo cambia si el costo por MWh del SMR baja mucho, con evidencia publicada.
La brecha
Paraguay no tiene ley ni regulador de energía nuclear; ese marco se construye desde cero y tarda más que cualquiera de las opciones locales. El detalle que suele pasarse por alto: los 10 años o más del primer gráfico están contados en países donde el regulador ya existe. Acá ese plazo empieza a correr recién después de crear el marco.
El tablero regional del segundo gráfico muestra dónde está esa experiencia, y queda cerca. Argentina opera tres reactores bajo su Ley 24.804 y su regulador ARN, y tiene el único prototipo SMR de diseño propio de la región, el CAREM, con la obra civil avanzada y un contrato firmado con Nucleoeléctrica Argentina para completar el edificio del reactor (CNEA y NA-SA, 2026). Brasil genera con Angra 1 y 2, con la licencia de Angra 1 renovada hasta 2044 (CNEN, 2024), y desde 2021 tiene una autoridad de seguridad nuclear creada por ley (ANSN, Lei 14.222/2021). México opera las dos unidades de Laguna Verde con licencias renovadas hasta 2050 y 2055 (CNSNS, 2020 y 2025). Para el monitor que proponemos armar en Paraguay eso es información de primera mano sin poner capital: cada revisión puede leer cómo les va a los vecinos con sus reactores y con el CAREM, y esa lectura vale más que cualquier folleto de proveedor.
La decisión de hoy
Hoy un SMR no es una inversión para Paraguay: contra las opciones locales pierde en costo, en plazo y en riesgo. Lo nuclear queda en vigilancia, que es la posición barata. Las señales que proponemos vigilar son cinco: tres o más SMR occidentales operando con desvíos de costo y plazo publicados y acotados, costo por unidad bajando entre unidades repetidas de un mismo diseño, estrés real en el sistema eléctrico local que solar, PCH y biomasa no cubran, una ley con regulador nuclear paraguayo en marcha, y el CAREM argentino conectado a la red y entregando energía, la prueba regional más cercana que existe.
Los datos: el caso NuScale/UAMPS y los rangos de Lazard, la serie de demanda firme de ANDE y la hidrología multianual del Paraná, actualizados en cada revisión.
La técnica: LCOE comparado más opciones reales: el valor de esperar se calcula, no se intuye, y así diseñamos el monitor: cada revisión ajusta la probabilidad de que las señales a vigilar se prendan.
La decisión: en qué invertir hoy el mismo capital (solar con baterías, PCH o biomasa) y qué haría cambiar la respuesta: el estudio serio se encarga cuando ese monitor marque tres de las cinco señales sobre el umbral.
Cómo medirlo: el seguimiento de esas cinco señales, revisado cada dos o tres años. Barato y suficiente mientras ninguna se prenda.
Estas cinco señales están publicadas para discutirse: si las leés con otro umbral, o ves una sexta que falta en la lista, escribinos y lo revisamos con datos. Lo mismo si estás armando un plan de energía a veinte años, o decidiendo dónde poner ese capital hoy, y la pregunta nuclear ya te apareció en la mesa.